martes, 30 de agosto de 2016
miércoles, 6 de mayo de 2015
manifiesto artístico de TOMA
a partir del trabajo de leonardo solaas:
Definiciones del arte
Siete manifiestos en potencia para una era sin vanguardias
El arte como excepción
o el arte como diseño de una situación singular
El mundo es un múltiple de cosas mayormente comunes, es decir, producidas en serie, replicadas sobre los mismos moldes una y otra vez, agotadas por la repetición.
El arte es, entonces, la ruptura de esa continuidad de lo mismo, bajo la confianza de que lo extraordinario es posible.
Lo singular no es necesariamente la obra en tanto cosa, sino la situación artística: puede tratarse de un objeto cualquiera en un contexto desusado, de un conjunto de cosas banales en una disposición o cantidad extraordinarias, de un cambio de escala que transforma lo ordinario en asombroso, etc. Son recursos variados para recuperar, tal vez, el carácter aurático de la obra de arte como cosa excepcional, el sobrecogimiento propio de la experiencia artística, trabajando a la vez con materiales ordinarios para reclamar contemporaneidad. Se trata de volver asombroso lo banal, de encontrar el punto de belleza o de sublimidad que se esconde en la trama regular de las cosas que nos rodean.
El arte es, entonces, la ruptura de esa continuidad de lo mismo, bajo la confianza de que lo extraordinario es posible.
Lo singular no es necesariamente la obra en tanto cosa, sino la situación artística: puede tratarse de un objeto cualquiera en un contexto desusado, de un conjunto de cosas banales en una disposición o cantidad extraordinarias, de un cambio de escala que transforma lo ordinario en asombroso, etc. Son recursos variados para recuperar, tal vez, el carácter aurático de la obra de arte como cosa excepcional, el sobrecogimiento propio de la experiencia artística, trabajando a la vez con materiales ordinarios para reclamar contemporaneidad. Se trata de volver asombroso lo banal, de encontrar el punto de belleza o de sublimidad que se esconde en la trama regular de las cosas que nos rodean.
EL COMEDOR, septiembre 2014
El arte como simulación
o el arte como diseño de un sistema experimental
El mundo es una multiplicidad sin ley: un caos del que nos vemos forzados a hacer sentido todo el tiempo, pero en el cual todo sentido posible es contingente y variable - muy en especial, el que dictamina el orden establecido.
La obra artística es entonces la propuesta de un orden posible de la experiencia sensible. Un experimento temporario y acotado, una hipótesis puesta a prueba, un como si.
La simulación se propone en general bajo la forma de un conjunto de reglas, y se efectúa como un experimento social, un juego colectivo, una economía alternativa, una micro-nación, una comunidad virtual u otra figura de regulación de los intercambios entre un grupo más o menos abierto de participantes en el proceso. La obra no es una cosa, sino algo que se produce entre los elementos de una multiplicidad que se pone en movimiento, con resultados siempre inciertos.
La obra artística es entonces la propuesta de un orden posible de la experiencia sensible. Un experimento temporario y acotado, una hipótesis puesta a prueba, un como si.
La simulación se propone en general bajo la forma de un conjunto de reglas, y se efectúa como un experimento social, un juego colectivo, una economía alternativa, una micro-nación, una comunidad virtual u otra figura de regulación de los intercambios entre un grupo más o menos abierto de participantes en el proceso. La obra no es una cosa, sino algo que se produce entre los elementos de una multiplicidad que se pone en movimiento, con resultados siempre inciertos.
LA OCUPACIÓN, enero 2014
El arte como evidencia
o el arte como producción de pruebas
El mundo es esencialmente misterioso: una reunión de apariencias engañosas, una ficción muy elaborada, o el sitio de una vasta conspiración.
La obra es un rastro de la realidad oculta tras el velo de la ilusión o la mentira. Hay que aproximarse a ella en un estado de sospecha, con el ánimo de un investigador en la escena del crimen. Es un trozo deverdad, de aquello que, siendo lo más importante, se encubre; y que hay que reconstruir laboriosamente a partir de los indicios disponibles.
Se trata de un estado de ánimo vecino de la paranoia, que pone al arte en el lugar de un lenguaje marginal que permite la comunicación más o menos clandestina de quienes pueden entrever el revés de la trama, las fuerzas invisibles que realmente mueven al mundo.
La obra es un rastro de la realidad oculta tras el velo de la ilusión o la mentira. Hay que aproximarse a ella en un estado de sospecha, con el ánimo de un investigador en la escena del crimen. Es un trozo deverdad, de aquello que, siendo lo más importante, se encubre; y que hay que reconstruir laboriosamente a partir de los indicios disponibles.
Se trata de un estado de ánimo vecino de la paranoia, que pone al arte en el lugar de un lenguaje marginal que permite la comunicación más o menos clandestina de quienes pueden entrever el revés de la trama, las fuerzas invisibles que realmente mueven al mundo.
DISPOSITIVOS DE ESPECULACIÓN URBANA, octubre 2015
El arte como artesanado
o el arte como reunión de la idea y de la ejecución
El mundo está organizado en base a una división social del trabajo: están los que tienen ideas y los que las materializan, los que planean y los que llevan a cabo los planes. Las alternativas son excluyentes: o bien uno hace lo que otro dice, o bien otros hacen lo que dice uno.
En ese contexto, ser artista es conservar el raro privilegio de hacer lo que uno dice, de ejecutar la propia idea, de mantener unidas las manos a la cabeza. La sociedad post-industrial crea distancias cada vez más grandes con el mundo real, organizaciones productivas más enrarecidas y dispersas, nuevos refinamientos de la alienación. El arte es el último reducto del oficio del artesano, de una intimidad con la materia y una autonomía del ciclo productivo que se vuelve una forma de resistencia: un testimonio, tal vez un poco anticuado, de que hay otra forma de vivir.
En ese contexto, ser artista es conservar el raro privilegio de hacer lo que uno dice, de ejecutar la propia idea, de mantener unidas las manos a la cabeza. La sociedad post-industrial crea distancias cada vez más grandes con el mundo real, organizaciones productivas más enrarecidas y dispersas, nuevos refinamientos de la alienación. El arte es el último reducto del oficio del artesano, de una intimidad con la materia y una autonomía del ciclo productivo que se vuelve una forma de resistencia: un testimonio, tal vez un poco anticuado, de que hay otra forma de vivir.
LOS MONSTRUOS DE LA HILANDERÍA, junio 2015
El arte como idiolecto
o el arte como forma pública de hablar solo
El mundo es un lugar agobiado por la comunicación: la multiplicación de los medios tecnológicos y el imperativo de expresarse resultan en una saturación que ahoga el sentido, un ruido paradójicamente aislante.
La necesidad de abreviar, simplificar y volver entendibles todos los mensajes, la permanente puesta en común que impone un modo de vida hiper-conectado, atentan contra la posibilidad de tener algo propio que decir, o de tener siquiera tiempo de pensar lo que se dice.
El arte es el único lenguaje que puede sustraerse al mandato universal de la inteligibilidad, y que puede presentarse como una comunicación incomunicante, como un lenguaje que sólo entiende el propio autor, como diario íntimo o chiste privado. Es un soliloquio despreocupado de su audiencia.
Hay en esto algo de confesional u obsceno: se trata de hacer público un acto de introspección, una obra para una audiencia de uno, que sólo de manera azarosa, incontrolable y seguramente imperceptible puede entablar una vínculo real con algún otro, que se reconozca de pronto a sí mismo en esa escena que se le ha invitado a espiar.
La necesidad de abreviar, simplificar y volver entendibles todos los mensajes, la permanente puesta en común que impone un modo de vida hiper-conectado, atentan contra la posibilidad de tener algo propio que decir, o de tener siquiera tiempo de pensar lo que se dice.
El arte es el único lenguaje que puede sustraerse al mandato universal de la inteligibilidad, y que puede presentarse como una comunicación incomunicante, como un lenguaje que sólo entiende el propio autor, como diario íntimo o chiste privado. Es un soliloquio despreocupado de su audiencia.
Hay en esto algo de confesional u obsceno: se trata de hacer público un acto de introspección, una obra para una audiencia de uno, que sólo de manera azarosa, incontrolable y seguramente imperceptible puede entablar una vínculo real con algún otro, que se reconozca de pronto a sí mismo en esa escena que se le ha invitado a espiar.
LA AZOTEA, 2014
El arte como corrección
o el arte como obra de bien
El mundo es, en resumen, el lugar donde las cosas están mal: un orden signado por la injusticia, la explotación, la discriminación y otras formas del abuso de poder.
En tal contexto, el arte sólo puede ser una actividad de mejoramiento, educación o denuncia. En otras palabras, sólo tiene sentido en la medida en que contribuye, directa o indirectamente, a que vivamos mejor, hagamos oír nuestra voz, cuidemos el medio ambiente, nos entendamos los unos a los otros, etc.
El artista adquiere según el caso el papel de un periodista de denuncia, un facilitador de procesos de cambio, un vocero de los desposeídos, un aliado intelectual de minorías excluidas del saber, un guía de culturas exóticas, o un profeta del apocalipsis. Es, en general, una persona comprometida con su tiempo y su contexto que, en la estela del "arte político", se propone que su arte tenga efecto en el entorno social en que se inserta, y encuentre de ese modo su sentido y su razón de
ser.
En tal contexto, el arte sólo puede ser una actividad de mejoramiento, educación o denuncia. En otras palabras, sólo tiene sentido en la medida en que contribuye, directa o indirectamente, a que vivamos mejor, hagamos oír nuestra voz, cuidemos el medio ambiente, nos entendamos los unos a los otros, etc.
El artista adquiere según el caso el papel de un periodista de denuncia, un facilitador de procesos de cambio, un vocero de los desposeídos, un aliado intelectual de minorías excluidas del saber, un guía de culturas exóticas, o un profeta del apocalipsis. Es, en general, una persona comprometida con su tiempo y su contexto que, en la estela del "arte político", se propone que su arte tenga efecto en el entorno social en que se inserta, y encuentre de ese modo su sentido y su razón de
ser.
EXPLORACIONES URBANAS, 2013-2015
El arte como artefacto
o el arte como ejercicio del exceso
El mundo está completamente atrapado en la lógica capitalista de la producción, y por ende cada parte de nuestras vidas está orientada a un fin que es en sí mismo un sinsentido (un fin sin fin).
El arte sería un intento, que no deja de resbalar en su perpetuo fracaso, de sustraerse a esa lógica. Apela para ello a las categorías de lo inútil, lo excesivo, lo artificioso, lo obsceno y lo absurdo. La medida de su eficacia es el desconcierto y el shock. Su misión es la ruptura de la continuidad homogénea de la vida para habilitar el ingreso de otra cosa, aunque en general no se pronuncie sobre qué sea esa cosa. No se trata tanto de proponer órdenes alternativos como de desarticular el existente.
Bajo este signo, el arte quiere ser una excrecencia sin lugar en el sistema: no integrarse. Como un tumor o una malformación. La contradicción esencial es que el sistema no deja de integrar y de volver mercancía a todos los gestos de ruptura que tienen algún éxito, en una suerte de carrera armamentística que demanda apuestas cada vez más extremas - o un cinismo que acepta la derrota de antemano.
El arte sería un intento, que no deja de resbalar en su perpetuo fracaso, de sustraerse a esa lógica. Apela para ello a las categorías de lo inútil, lo excesivo, lo artificioso, lo obsceno y lo absurdo. La medida de su eficacia es el desconcierto y el shock. Su misión es la ruptura de la continuidad homogénea de la vida para habilitar el ingreso de otra cosa, aunque en general no se pronuncie sobre qué sea esa cosa. No se trata tanto de proponer órdenes alternativos como de desarticular el existente.
Bajo este signo, el arte quiere ser una excrecencia sin lugar en el sistema: no integrarse. Como un tumor o una malformación. La contradicción esencial es que el sistema no deja de integrar y de volver mercancía a todos los gestos de ruptura que tienen algún éxito, en una suerte de carrera armamentística que demanda apuestas cada vez más extremas - o un cinismo que acepta la derrota de antemano.
EL LABERINTO, septiembre 2013




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